viernes, 26 de abril de 2013



Capítulo 29, Soledad.


Abandonaste a Calipso dejándola sola
frente a los titanes del duelo, sola, sola.
Ella te cobijó en su cueva encantada,
Allí mordiste la dulce fruta prohibida.

Prisionero de su amor te diste a la fuga,
Dejando su Olimpo inmerso en ceniza.
Entonces regresaste y ella ya no estaba,
Dejándote huérfano, dejándote vacío.

Ya no hay luz, ya no hay magia, no queda nada,
Solo tú contigo, solo tú contigo mismo.
Como un náufrago sin alma caíste al averno.

Unos ángeles negros bajaron desde el cielo
Y te ayudaron a cruzar el puente mágico,
Y llamaste a Calipso pero ya no estaba.

El Arte de la Música, Capítulo 10, Marisa Nkene Abeso






Con un ligero movimiento de muñecas su mano comenzó a tocar una dulce sinfonía, propia de aquellos tiempos olvidados, cuando el arte era parte de la vida. Él tocaba  al son de sus recuerdos y ella, como sumida en un profundo sueño, seguía el compás de la música con el leve taconeo de sus zapatos.
De repente y sin saber cómo, una de las cuerdas de su guitarra se soltó de la clavija, dejando al músico y a su acompañante sumidos en un oscuro silencio. A los pocos minutos,una débil melodía que procedía de la calle, irrumpió en la sala; los dos se levantaron, como si se hubieran puesto de acuerdo, y bailaron  al ritmo del  swing hasta que la noche dio paso al día.





martes, 23 de abril de 2013

Opresión


"How shall the murdered man convince his assassin he will not haunt him?"
"¿Cómo convencerá el asesinado a su asesino de que no ha de aparecérsele?"




Con esta cita de Malcolm Lowry extraída de su trabajo Under the volcano, Julio Cortázar parece plantearnos una paradoja. La clara inversión de los roles entre víctima y verdugo hace que, de alguna manera, esta pregunta incurra en cierta contradicción. Podría decirse, por tanto, que la transposición de los elementos juega un papel determinante en la interpretación de este capítulo. 

Se nos muestra la imposibilidad por parte del asesino de conocer su suerte tras quitarle la vida a otra persona, ya que su conocimiento no trasciende a la verdadera intención de la víctima desde ultratumba. Se presenta así la figura de un criminal que nunca podrá tener certeza de lo que le deparará el destino, ni la seguridad de que la impunidad vaya a prevalecer sobre sus tan míseros y reprobables actos. 

Es también bastante simbólico el hecho de que se plantee la mera y remota situación en la que el ser asesinado tenga que ser benevolente con su asesino y no trate de inferirle miedo o temor, en un último y desesperado intento por aferrarse a la vida, tal y como dictaría el sentido común. Podemos apreciar cómo, en esta frase de doble sentido, las hipotéticas apariciones que podrían perturbar e inquietar al asesino en un futuro parecen eclipsar la verdadera tragedia, que es la muerte de un ser inocente.

Sentimientos plasmados sobre papel.

Como un sol que no ha salido, donde todo sigue opaco y apenado, como un disco muy viejo o la nieve que llena el patio... Como esa cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda.

Es difícil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender, necesito tanto tiempo para entender un poco eso que otros entienden en seguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender a ti y a mí, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente sé que no te puedo tener conmigo.


Porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero. Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete...

lunes, 22 de abril de 2013




Capítulo 36, Cosas absurdas.
¡Estamos de enhorabuena, Rayuela cumple medio siglo! Es cierto que ha llovido mucho desde entonces, pero hagamos memoria…
En aquellos tiempos, las parejas se enamoraban con una sola mirada: en las calles de París bajo una luna cómplice o un sol tímido, o en un parque repleto de paraguas rotos, o en un café nebuloso…  Entonces, las citas se convertían en un juego, un juego real.
-No te me pongas sentimental que eso, hoy, ya no se lleva.
-¡Pues hablemos de cosas absurdas…!
-Si insistes… te contaré otra realidad. Bajo el Pont des Arts se esconde la indiferencia. Es otra dimensión de esa realidad. Hoy, no ha cambiado nada, sigue habiendo puentes por todos lados. Aún se respira tristeza y sordidez, aún se respira el vapor del pinard, aún se respira “la mugre humana”. Es la última parada antes de ver el sol, antes de ver otro sol. Allá, acá… ¡Qué más da! ¿No? Para bajar a los infiernos no piden requisitos.

Capítulo 7, El pañuelo de seda.


Capítulo 7, El pañuelo de seda.

Perdido entre la multitud, mi vista centró su total atención en una mujer, que lucía un adornado vestido rojo con recogido en el pelo a lo más puro estilo burgués. Sus ojos se fundieron con los míos en un eterno segundo, más tarde ella se marchó dejando olvidado su pañuelo de seda conjuntado con aquel atuendo que llevaba esa tarde. Ni siquiera tuve tiempo de pensar, reaccioné corriendo tras de ella para poder devolvérselo y al mismo tiempo, tener la maravillosa oportunidad de entablar una mínima conversación con ella.

Debido a la muchedumbre que allí acaecía, mis ojos perdieron el contacto con los suyos y por un instante creí haberla perdido para siempre. De repente, una suave caricia me rozó el hombro derecho, hice el ademán de girarme y entonces la ví, tan cerca que me quede prendado de su hermosura, ya que no hubiera imaginado que fuera tan maravillosa.

Apenas conseguí balbucear ciertas palabras, cuando ella, quitándome cuidadosamente el pañuelo que había olvidado entregarle, intentó acercarse hacia mí, y cuando era el momento perfecto de poder unirme con ella en el beso más profundo apenas imaginado, mi mente desconectó haciéndome despertar de aquel sueño, aquel sueño imposible.